LA VIOLENCIA



Es “todo acto de abuso contra las mujeres cometido por varones, cuyo sistema de creencias les legitima a ejercer el dominio, la autoridad, el control o la posesión sobre sus parejas y consideran que, para lograrlo, está justificado ocasionar daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico, amenazar con tales actos, coaccionar, privar de libertad, y cualquier otra forma en que se puede ejercer el abuso de poder.” (Esther Ramos, 2006).

Características

La violencia dentro de la pareja tiene una serie de características que la diferencian de otros tipos de violencia:

es una conducta continuada en el tiempo. No se trata de un hecho puntual, sino de un proceso. Consecuencias: tensión, estrés, fatiga.
el agresor es alguien conocido con quien la víctima mantiene fuertes lazos afectivos y, en su caso, convive, lo que lleva no sólo a una mayor frecuencia de los episodios agresivos, sino a una continua sensación de miedo e hipervigilancia que la van debilitando física y psicológicamente.
normalmente tiene lugar en un sitio que se supone fuente de seguridad y protección: el hogar. Consecuencias: sentimiento de inseguridad, desconfianza.
la víctima puede ser considerada cómplice o responsable del maltrato. Consecuencias: sienten vergüenza de sufrir maltrato, de no ser capaces de poner fin a la situación o romper con su pareja.
hasta hace poco no era una violencia reconocida socialmente como tal, con la falta de apoyo y comprensión que esto conlleva. Consecuencias: falta de información acerca de dónde acudir o cómo proceder. Miedo y desconfianza del entorno y las autoridades o profesionales.
este tipo de violencia provoca en la víctima sentimientos de vergüenza y culpa, por lo que tienden a ocultarlo. Consecuencias: imposible poner fin a la situación, el maltrato se perpetúa y va minando a la mujer.
la propia dinámica del maltrato provoca en la mujer sentimientos ambivalentes hacia la figura del agresor, lo que favorece el mantenimiento de la violencia. Consecuencias: no le denuncia, no le abandona, le justifica e incluso racionaliza su conducta, interiorizando y llegando a creer todo lo que él la dice.
el autor del maltrato tiene una buena imagen pública. De puertas para afuera puede ser simpático, amable y educado, lo que le permite pasar inadvertido. Consecuencias: frustración, esperanza de que cambie, pensamiento de que nadie la va a creer.
baja autoestima en la víctima, que intenta compensar obteniendo el reconocimiento del maltratador.

Figura del maltratador

No existe un perfil de maltratador. Puede ser cualquier persona que utilice el maltrato con su pareja con el fin de dominarla o controlarla, pudiendo ser encantador e incluso seductor en otros contextos. Gran parte de los estudios más recientes coinciden en este punto (Amor, Echeburúa y Loinaz, 2009; Eckhardt, Samper y Murphy, 2008; Fernández-Montalvo, Echeburúa y Amor, 2005; Johnson, Gilchrist, Beech, Weston, Takriti, y Freeman, 2006; Scott, 2004; Stanford, Houston y Baldridge, 2008).

En la actualidad existen diversas perspectivas teóricas que tratan de explicar por qué una persona llega a maltratar a su pareja. Algunas de ellas consideran el maltrato a partir de las características del agresor y otras a partir de la interacción de pareja. También existen otras más globales, como el modelo ecológico de Bronfenbrenner, adaptado a este contexto (Dutton, 1981) que proponen cuatro niveles de análisis (macrosistema, que incluye las creencias y valores de la cultura patriarcal; ecosistema, compuesto por la comunidad más próxima y las instituciones sociales; microsistema, referido a las relaciones de la persona con su entorno cercano, como la familia, la pareja… e individual, referido a los factores individuales) y otras perspectivas más sociológicas (Echeburúa, Amor, P. J., Corral, 2009).

Entre las características que se han visto más asociadas a la figura del maltratador caben destacar las siguientes:

alta necesidad de control y poder. Recurriendo a la violencia si hace falta para dominar a la mujer.
problemas de posesividad y celos. Cree que la mujer le pertenece y siente frustración ante la posibilidad de perderla, le falte el respeto u ofenda su masculinidad.
baja autoestima
déficit del control de impulsos
irritabilidad
dificultad para expresar sentimientos y emociones
falta de control sobre la ira
baja tolerancia a la frustración
cambios bruscos de humor
ideas distorsionadas acerca de la mujer. Comportamiento sexista
déficit en la resolución de problemas. Resolución hostil de los conflictos.
maltrato a otras mujeres
atribución externa de sus errores
normalidad aparente de cara al exterior
justifica y racionaliza su conducta violenta
(Ferreira, 1992, Echeburua y Corral, 1998; Garrido 2001, Lorente, 2004)

No obstante, si bien los principales resultados indican que los agresores suelen presentar con frecuencia estas características, es importante resaltar que también hay otras personas que las presentan y no ejercen el maltrato. En este contexto, las idas irracionales del maltratador con respecto al rol de la mujer y su necesidad de tener las cosas bajo control, les hacen interpretar determinadas situaciones y comportamientos como desafiantes u ofensivas, provocándoles frustración y sensación de pérdida de control. La falta de habilidad para expresar sus sentimientos y para no dejarse llevar por sus impulsos puede favorecer el uso de la violencia con el fin de doblegar a su pareja. De esta forma, consigue que haga lo que él quiere y la conducta violenta se ve reforzada positivamente. Este carácter reforzador puede llevar a una persona a seguir ejerciendo el maltrato.

El maltratador es responsable del maltrato. Sólo una pequeña parte (en torno al 20%) presenta propiamente un trastorno mental (Dutton y Golant, 1997; Sanmartín, 2000, 2002; Echeburúa y Corral, 2002; Klein y Tobin, 2008). En esos casos, los más frecuentes serían la psicosis (con ideas delirantes de celos y persecución) y el consumo abusivo de alcohol y drogas (Caetano, Vaeth y Ramisetty-Milker, 2008). También algunos trastornos de personalidad pueden favorecer la aparición del maltrato, como es el caso del trastorno borderline (Fernández-Montalvo y Echeburúa, 2008; Huss y Langhinrichsen-Rohling, 2006), el paranoide, el narcisista (Rojas Marcos, 1995) y la psicopatía, caracterizada por la falta de empatía en las relaciones interpersonales, la manipulación o la ausencia de remordimiento ante el dolor causado.

Sin embargo, en todos los maltratadores aparecen alteraciones psicopatológicas (falta de control de impulsos, falta de habilidad en el manejo de las emociones, celos patológicos, dificultades en la comunicación, irritabilidad, etc.) y distorsiones cognitivas en relación con el papel social de la mujer y con la legitimación del uso de la violencia, así como con la aceptación de la responsabilidad del maltrato (Madanes, Keim y Smelser, 1998).

En cuanto a los tipos de hombres violentos contra la pareja, existen múltiples estudios que, en general, tienden a coincidir (Amor, 2009). Normalmente la agrupación se realiza en función de la gravedad y extensión de la violencia y las características psicopatológicas de los agresores (Holtzworth-Munroe y Stuart, 1994; Fernández-Montalvo y Echeburúa, 1997).

Actualmente el debate gira en torno a dos ideas: si todos los hombres que maltratan lo hacen para dominar a sus parejas y si la violencia de pareja es una cuestión de género o un problema de relaciones interpersonales (Echeburúa, J. Amor, Corral,2009).
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